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Movimiento ciudadano por el agua
La palabra movimiento lleva intrínsecamente en su significado la dualidad: acción y reacción.
Acción de moverse, ser movido o tener la capacidad para mover a los demás hacia el logro de un objetivo. En el caso de un movimiento ciudadano, la acción tendrá que provenir de los habitantes de un lugar, es decir, los ciudadanos, quienes se moverán motu proprio para alcanzar una meta socialmente deseada y en pro del bien común. En este sentido, habría que preguntarnos si la sociedad aguascalentense conoce lo suficiente la gravedad del problema del agua como para sentirse corresponsable del mismo y de su solución. Desafortunadamente, tenemos que decir que la problemática del agua en nuestro estado es poco conocida por la población, la cual, la mayoría de las veces ignora desde el terrible deterioro ecológico originado por la extracción inmoderada del agua subterránea, hasta las repercusiones económico financieras del mismo que afectan la calidad de vida de toda la sociedad.
En Aguascalientes, el análisis retrospectivo del aprovechamiento y uso del agua nos conduce a una paradoja en la cual coexisten las ideas de escasez y de abundancia; escasez porque las demandas y los conflictos generados por la posesión del agua de los manantiales rebasan siempre la cantidad disponible; y abundancia porque el sistema de acequias que conducía el agua por todas las calles de la ciudad creó entre sus habitantes la falacia de contar con un recurso abundante y eterno.
Más tarde, el afortunado, y al mismo tiempo desafortunado descubrimiento de la importante reserva de agua subterránea, inducido por el avance tecnológico y científico de la época vino a reforzar la falsa idea de la abundancia entre una población para la cual las características climatológicas de Aguascalientes pasaban inadvertidas.
Es así como se inicia la explotación intensiva del agua subterránea sin más preocupación que la de satisfacer las distintas demandas generadas por un desarrollo explosivo que jamás hubiera podido darse sin el agua.
En este desarrollo económico y social, como en el de todos los seres vivos, el agua es el componente principal, el sustento generador de vida y progreso.
Vale la pena reconocer la gran sabiduría de las culturas antiguas que deificaban a un elemento identificado siempre con la vida; para ellos, el agua estaba en todo, sin embargo, para nosotros, poseedores de una gran cultura tecnológica, el agua pasa inadvertida a lo largo de nuestra existencia, ignorando que desde un ser microscópico hasta un elefante están constituidos en su mayor parte por agua, y que todo lo que comemos, utilizamos, etc. requiere del agua como componente esencial en su producción, fabricación...
Reconocer la importancia vital del agua debe formar parte de la urgente revaloración moral de toda la sociedad, la cual deberá cambiar su actitud depredadora e irresponsable con las generaciones futuras por la de responsabilidad y compromiso con las mismas. Debemos aceptar que hasta ahora en el problema del agua ha prevalecido un libertinaje que va desde su mal uso y desperdicio hasta el manipuleo político que está jugando ni más ni menos que con la vida de Aguascalientes.
Aprovechemos los aires de cambio que inundan a la sociedad para convertir el libertinaje en libertad con responsabilidad para utilizar racionalmente el bien más valioso con que contamos: el agua.
Sobra decir que un verdadero movimiento ciudadano por el agua exige como condición sine que non hacer a un lado intereses políticos individuales que interfieran e imposibiliten la solución al problema del agua, desanimando a la sociedad y desacreditando todas las acciones que se emprendan.
Esto no impide la participación de los políticos, por el contrario, ya que no sólo son ciudadanos que han sido distinguidos por la sociedad con un cargo público, sino que además deben ser ejemplo de entusiasmo, capacidad, participación y compromiso en la solución de todos los problemas que afectan a quien los encumbró en el poder público.
La solución de un problema tan grave como el del agua requiere de la participación de todos sin excepción, pero principalmente de quienes poseen los medios económicos, intelectuales y políticos que allanen el camino. Es por ello que el éxito de este movimiento dependerá no sólo de la buena voluntad de los ciudadanos que lo encabecen, sino en gran medida de las facilidades que estén dispuestos a brindar los grupos e individuos que por su calidad moral y ciudadana se sientan comprometidos con la causa más sentida de la sociedad.
Magno es el trabajo que le espera a este movimiento, ya que tendrá que cimbrar las conciencias de los ciudadanos para despertarles de un letargo que amenaza su futuro; grande será el esfuerzo por mantener una actitud crítica y objetiva hacia los programas y acciones gubernamentales y privados relacionados con el manejo, aprovechamiento y distribución justa, racional y equitativa del agua.
De nosotros y de nadie más depende el éxito o el fracaso de la lucha que hoy emprendemos por el agua.
Continuemos haciendo válido el lema que nos identifica:
"La gente buena de Aguascalientes rescatará el agua clara para las generaciones futuras."
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