Demografía y pobreza

Por Martín Barberena- Cruz

"La pobreza es la forma más terrible de la violencia" Mahatma Ghandi

La insistente e incesante fluctuación informativa que se desplaza de un lado a otro sin respetar barreras ni de tiempo ni de espacio, nos inhibe a entender la enorme cantidad de cifras que a diario nos bombardean a través de los medios masivos de comunicación. La gran cantidad de datos solemos digerirla sin ningún tipo de análisis dada la velocidad con la que se nos brinda. Resulta difícil detenerse y saber que formamos parte mínima de esa gran cifra, pero... que más da! ya habrá quien se ocupe. Ultimadamente para eso sirven los políticos, o no? (se piensa y se dice)

La revolución tecnológica del presente siglo ha multiplicado la capacidad del hombre en todos los ámbitos; no solo se facilita el trabajo sino que ahora se hacen cosas que no nos imaginábamos poder lograr. Hace una semana, por ejemplo, un ingles rompió el récord de velocidad por tierra siendo la primera vez en la historia que se rebasa el match 1; el Pathfinder continua enviando información referente a la superficie de nuestro vecino planeta Marte; Los escoceses lograron con éxito clonar una borrega; las cadenas de T. V. y la industria informática han celebrado un matrimonio que en pocos años podremos realizar todo tipo de compra-venta mediante la pantalla idiotizante .... en fin el progreso tecnológico no conoce limites y el sistema económico no tiene corazón.

Es motivo de satisfacción que la especie humana haya alcanzado altos niveles de conocimiento técnico y científicos ya que en ocasiones olvidamos que poseemos el privilegio de razonar, dando la impresión de ser puros autómatas. Sin embargo, lo preocupante de tan espectacular evolución, es que hoy como nunca antes, las diferencias entre el norte y el sur, pobre y rico, son cada vez mayores. Es decir, el progreso del que tanto se empecinan en presumir los países desarrollados no ha contribuido en nada a paliar la miseria de naciones enteras. Es más, ha servido para aumentarlas, de forma tal que la tecnología se ha convertido en el mejor instrumento del neocolonialismo y las instituciones financieras internacionales en sus inmejorables mandatarios.

Entre los aciertos del norte y los errores del sur, el mundo del siglo XXI ya dibuja el tétrico futuro que habrán de enfrentar quienes lo vivan. Los informes presentados por la ONU, el Banco Mundial y el FMI son realmente patéticos. En la actualidad, mil doscientos millones de personas viven con menos de un dólar por día. Ochocientos millones sufren de hambre y desnutrición, de los cuales doscientos millones son niños. La población mundial se duplico en tan solo cuarenta años (1950-1990) pasando de 2,500 millones a más de 5,500 millones, previendo que para el año 2025 habrá alrededor de 8,000 millones de habitantes en el planeta (World Bank, annual report). No hay que ser un experto para deducir las consecuencias de este enorme crecimiento en términos de alimentación y agua potable, de salud, educación y vivienda, de empleo y condiciones medio ambientales.

Si este crecimiento se distribuyera de manera uniforme aún seriamos capaces de hacerle frente. Pero no es el caso: en los países ricos e industrializados no hay incremento demográfico; por el contrario, en algunos países de Europa la renovación de la población ni siquiera esta asegurada y es probable que de no motivar a la procreación haya comunidades enteras en peligro de extinción. Mientras que en los países en vías de desarrollo, la explosión demográfica amenaza el futuro de las civilizaciones más indigentes del Africa, Asia y América Latina.

Toda una paradoja, quienes cuentan con bienes materiales para educar niños optan por no comprometerse con la ardua tarea, siendo que quienes nada poseen continúan procreando de manera irresponsable e inconsciente. México es un caso paradigmático en ese sentido, así lo dio a conocer el miércoles pasado Rainer Rosenbaum - representante del Fondo de Población - quien señaló que "anualmente se suman un millón 600 mil mexicanos más al rezago económico". El diplomático no quiso entrar a detalle pero en una breve frase sintetizó la escalofriante teoría de Malthus al afirmar que "El aumento de la población debe de ir a la par con el de la economía pues de lo contrario resultará un fenómeno en donde cada vez más habitantes dispongan de menos recursos" para sobrevivir. Esto ya es un hecho irrefutable. Una nación como la nuestra con más de 40 millones de pobres y 16 millones en condiciones extremas no tiene ningún futuro, sea el gobierno de izquierda, derecha o centro.... vaya ni aunque Monseñor Rivera fuera Presidente.

El avance en materia medica tiene, como es obvio, una influencia determinante sobre el crecimiento de la población, al permitir la disminución de la mortandad infantil y el aumento de la esperanza de vida, pero si no se introduce un sistema de educación sexual y no hay desarrollo económico, lo único que aumente es el número de desempleados, resentidos y fastidiados. Bajo estas condiciones, las posibilidades de un Estado pobre para satisfacer a tantos ciudadanos es casi nula, por ello buscan una alternativa ulterior en la inmigración a un país desarrollado, a cualquier costo. El fenómeno de la inmigración se ha convertido, así mismo, en una de las mayores amenazas que pone en peligro la integridad de las Estados y la cohesión de las sociedades de los países ricos. Estos últimos en lugar de combatir las causas que originan el permanente flujo al norte - que no son otros que la pobreza y el desarrollo - asumen una actitud xenófoba contra todo inmigrante.

Las políticas nacionales de control natal no son en ningún aspecto caprichosas, son la respuesta a un grave y sentido problema de salud pública que afecta a más del 60 % de la población nacional cuyo promedio de edad es menor a los treinta años. Ciertamente el control de la natalidad es un problema que levanta violentas controversias, enfrentamientos apasionados e inapelables condenas religiosas. En efecto, este es un asunto que compete al fuero intimo de las personas que pueden sentirse violentadas en sus creencias religiosas y valores morales, es decir en sus convicciones más profundas; es una posición perfectamente comprensible que debe ser respetada.

No obstante, la realidad es mucho más cruda, y está allí con su cortejo de amenazas dirigidas a la humanidad entera, solidaria en la lucha por la supervivencia, a pesar que la conciencia de esta realidad no es igual en todas partes. Se trata de una lucha por la supervivencia de la especie humana, la preservación de la paz y el equilibrio ecológico. Quienes ven en los artículos anticonceptivos características diabólicas u homicidas carecen de razón porque fundan sus argumentaciones en criticas superficiales e ingenuas. Peor se haría en no generar conciencia de los delicados problemas como el SIDA y de los efectos demográficos de la sobrepoblación. Nada en el mundo hay más cruel que la desesperanza infantil. Los niños de la calle, abandonados a su suerte, son la viva representación de esta triste realidad, que a diario nos acongoja en las esquinas de nuestra ciudad, ¿ Que se hace por ellos?

Por ello, si fracasa la lucha contra la pobreza y el desarrollo, si las campañas de control natal son frustradas por grupos fundamentalistas de extrema derecha, si no somos capaces de concebir políticas viables de desarrollo sustentable, el futuro estará dominado por la inestabilidad política, las masivas corrientes migratorias, la violencia, las drogas y el crimen organizado.

Y todo este lío por no hacer uso del condón!!